Todos formamos parte de la ecuación, no hay un observador que no forma parte del mundo.
No hace falta hacer un viaje al interior de nosotros. Si queremos saber lo que está ocurriendo dentro de nosotros, solo tenemos que observar lo que hay fuera. Todo lo que está dentro de ti, esta reflejado fuera. Cada persona que te rodea forma parte de tu mundo, cada una está haciendo el papel que le corresponde. Si queremos saber donde estamos, que estamos haciendo, es muy simple, observa tu exterior. Quién esta contigo, y sobre todo, el juicio que tú estás haciendo fuera, es el juicio que tú estás haciéndote a ti mismo.
Debemos tener en cuenta la regla del Holograma Cósmico, esto quiere decir que la parte contiene el todo, el todo está en cada parte. Un ejemplo es el ADN humano. El neurólogo Karl Priban lo explica de forma sencilla: nuestro cerebro y nuestra memoria funcionan como un holograma. Él dice, nuestro cerebro es un receptor cuántico que va hacia atrás. Va a buscar la necesidad biológica a través del campo cuántico y crea la realidad en lo que nosotros llamamos futuro. Y crea el espacio de las infinitas posibilidades. Por eso se explica q una mujer que es maltratada siempre repite patrón de hombre. Su desvalorización genera una información que hace que atraiga el mismo modelo de hombre. Esto ocurre hasta que resuelves, hasta que tomas consciencia y haces consciente el inconsciente. Es por eso que no solo debo cambiar al matratador, sino la información que hay en mi interior. Esta puede venir de situaciones pasadas que viví y no resolví, una herencia de mi árbol genealógico, es decir una información transgeneracional o también algo que viví mientras estaba en el vientre de mi madre. El Ser interno siempre pretende que resuelvas, que evoluciones.
Nos tratamos muy mal y luego nos quejamos. Por eso debemos vigilar nuestro lenguaje y nuestra forma de pensar. Nosotros estamos creando constantemente la realidad. Nuestro pensamiento es creador. Por eso cuando no toleras algo lo ves constantemente.
Yo no debo de preguntarme el “por qué me ocurre esto”, sino “para qué yo m estoy haciendo esto”. No hay nada externo a ti que te pueda amar o hacerte daño, porque no hay nada externo ni ajeno a ti. (UCDM)